
Una epopeya editorial: ‘El doctor Zhivago’
La intuición y olfato del Giangiacomo Feltrinelli indicaban que la obra de Pasternak sería una monumental novela histórica y existencial: un texto de estructura fragmentaria, con numerosos personajes, que combina prosa y poesía, y narra los acontecimientos acaecidos en Rusia desde la Primera Guerra Mundial hasta la fundación de la URSS.
Una noche de 1964, los vecinos del madrileño barrio de Canillejas se despertaron sobresaltados. En la calle, una multitud entonaba «La Internacional» mientras hacía ondear banderas rojas, una escena que no se repetía en España desde 1939. «Llegó la policía con sus armas desenfundadas», recordaba la actriz Geraldine Chaplin, que fue testigo del nerviosismo del ayudante de David Lean, cuando tuvo que explicar que contaban con los permisos correspondientes para rodar una película sobre Rusia. «No hubo más lío», comentaba la actriz, «aunque los agentes se quedaron por ahí, anotando los nombres de aquellos que se sabían la letra de la canción.» La anécdota tuvo lugar durante el rodaje en Madrid de Doctor Zhivago, película basada en la novela de Borís Pasternak.
Ocho años antes, en 1956, el editor Giangiacomo Feltrinelli tuvo noticia de la inminente publicación de una nueva novela del consolidado poeta y traductor al ruso de Shakespeare y Goethe, Borís Pasternak. Se lo comunicó Sergio D’Angelo, redactor en el programa de transmisiones radiofónicas ítalo-soviéticas del Partido Comunista Italiano, que trabajaba desde Moscú: «Pedí a D’Angelo que se pusiera en contacto con el autor para intentar conseguir una copia del manuscrito y poder comenzar enseguida a traducirlo», recordaba el propio editor, para el que resultaba imprescindible ser el primero en publicar el libro fuera de la URSS: «Los autores rusos, después de la primera publicación en la Unión Soviética», explicaba, «no están protegidos por el copyright. Si empezábamos a traducir el manuscrito, tendría la posibilidad de publicar al mismo tiempo que el editor soviético y asegurarme así el copyright de la obra en Occidente».
En mayo de 1956, intuyendo que las autoridades soviéticas no autorizarían nunca la publicación de su novela, Pasternak decidió aceptar la propuesta de Feltrinelli y le entregó el manuscrito mecanografiado en cirílico diciéndole: «A partir de este momento, queda usted oficialmente invitado a mi fusilamiento».
La intuición y olfato del editor indicaban que El doctor Zhivago sería una monumental novela histórica y existencial. Un texto de estructura fragmentaria, con numerosos personajes, que combina prosa y poesía, y narraba, desafiando la historiografía oficial, los acontecimientos acaecidos en Rusia desde la Primera Guerra Mundial hasta la fundación de la URSS, sin olvidar la Revolución de Octubre y la guerra civil posterior. Su protagonista, Yuri Zhivago, es un médico y poeta profundamente sensible, enamorado de Lara Antípova, y que lucha por preservar su integridad personal y su visión del mundo frente a la brutalidad de la historia.
«Que aparezca a toda costa»
Es así como Feltrinelli envía el manuscrito al eslavista Pietro Zvteremich, que fue rotundo en su valoración: «No publicar una novela como esta constituye un crimen contra la cultura». La opinión de Zveteremich acabó de convencer al editor y se iniciaron las negociaciones con el autor, quien, previendo las injerencias de las autoridades soviéticas, ideó un código para certificar que los mensajes que enviaba al editor eran veraces: «Si recibe usted una carta en otro idioma que no sea el francés», le advertía Pasternak a Feltrinelli, «no debe de ningún modo hacer lo que le pidan en ella: las únicas cartas válidas serán las que estén escritas en francés». Además, para enviar las cartas, autor y editor emplearían emisarios de confianza que, para demostrarlo, debían enseñar la mitad de un billete que coincidía con la otra mitad en poder de Pasternak.
A pesar de esas medidas de seguridad, las autoridades soviéticas descubrieron las intenciones de Feltrinelli, por lo que, además de evitar la publicación de la edición rusa de El doctor Zhivago, comenzaron a presionar al editor italiano. Primero exigieron que se retrasase la traducción para que coincidiera con la edición rusa; después reclamaron la devolución del manuscrito y, finalmente, obligaron a Pasternak a enviar un telegrama en el que pedía que la publicación se pospusiera un año.
Sin embargo, ese telegrama estaba escrito en italiano, por lo que el editor supo de inmediato que algo raro sucedía. Sus sospechas se confirmaron pocos días después, cuando Feltrinelli recibió una carta de Pasternak, esta vez en francés, en la que le explicaba todo y le ratificaba su deseo de que la novela se publicase en Italia.
Y así también se lo dijo a Vittorio Strada, eslavista italiano: «Vittorio, dígale a Feltrinelli que quiero que mi libro aparezca a toda costa».
Persona non grata
El 23 de noviembre de 1957 llegó a las librerías italianas El doctor Zhivago y, unas semanas más tarde, el 17 de diciembre, Feltrinelli fue convocado a una reunión en la sede romana del PCI. Durante tres horas, el editor tuvo que soportar los reproches de sus camaradas por su crítica actitud sobre la invasión a Hungría por parte de la URSS, por la idoneidad o no de los títulos que publicaba en la editorial y, por supuesto, por la publicación de El doctor Zhivago, cuya polémica había hecho que, incluso antes de que se firmasen los contratos de traducción, proliferasen las ediciones piratas en diferentes lenguas, incluida el ruso.
Lejos de amainar, la polémica relacionada con la publicación de la novela arreció cuando, en 1958, la Academia Sueca decidió conceder a Pasternak el Premio Nobel de Literatura, galardón al que había sido candidato en varias ocasiones gracias a su obra poética. «No considere mi negativa voluntaria como una ofensa», rogaba el escritor en un telegrama enviado a la Academia Sueca, en el que rechazaba el reconocimiento, argumentando que «a la vista del sentido que esta distinción reviste en la sociedad que comparto, debo renunciar al premio inmerecido que me ha sido otorgado».
A pesar de la brevedad del mensaje, bastaban dos detalles —la mención a la sociedad soviética y al carácter voluntario de la decisión— para confirmar que ese telegrama tampoco recogía la verdadera voluntad de Pasternak, al que todo ese desgaste emocional acabó pasando factura. Tras encadenar varios problemas de salud con sus correspondientes empeoramientos, mejorías y recaídas, el escritor falleció en 1960 en Peredélkino, sin que Feltrinelli pudiera acudir a su funeral por haber sido declarado persona non grata por las autoridades soviéticas.
Durante las siguientes décadas, el texto continuó prohibido en la URSS, donde solo pudo publicarse legalmente a partir de 1988. Cuando eso sucedió, la edición llevaba el copyright de «Giangiacomo Feltrinelli Editore, 1957», detalle que era mucho más que un mero requisito legal, sino el reconocimiento del esfuerzo realizado por el editor para que la novela viera la luz. Una labor que el propio Pasternak agradeció en una de las cartas que le envió al italiano: «Hoy más que nunca estoy dispuesto a repetir que, aunque yo haya escrito la novela, usted es y sigue siendo el único creador y autor de su peregrinar alrededor del mundo, de su destino, de su éxito. ¿Debo añadir cuán grande y espontáneo debe ser y es mi entusiasmo y gratitud?».

