Violencias latentes, por Laura Benítez
'Todos siguen aquí' de Liadan Ní Chuinn

Violencias latentes, por Laura Benítez

¿Quiénes permanecen cuando la Historia ha intentado borrar los nombres, los cuerpos y las voces incómodas?

¿Qué significa recordar allí donde la memoria ha sido castigada? ¿Cómo nombrar aquello que durante décadas solo pudo sobrevivir a través del silencio, la sospecha o el miedo?

Ambientado en el trasfondo de los Troubles, Todos siguen aquí se adentra en una cartografía marcada por las presencias fantasmagóricas de la violencia colonial, donde la memoria irrumpe de manera furtiva entre mapas impuestos, alambres de espino y relatos tejidos de diferencia y orgullo. Pero ¿quiénes siguen aquí? ¿Quiénes permanecen cuando la Historia ha intentado borrar los nombres, los cuerpos y las voces incómodas? Desde las cicatrices que aún persisten tras la violencia de aquel domingo sangriento hasta la vida cotidiana atravesada por el trauma, los relatos de Liadan Ní Chuinn recorren un territorio donde incluso el lenguaje parece insuficiente. Donde los nombres hieren. Donde nombrar puede convertirse en un gesto peligroso. Donde el balbuceo de lo indecible toma forma sobre los muros. Escenas que hablan de fronteras físicas e imaginarias, de vidas organizadas por una violencia que no desapareció con los acuerdos, tampoco tras el velo del silencio institucional.

Lejos de presentar la violencia como un acontecimiento concluido, los relatos de Ní Chuinn muestran cómo esta sigue filtrándose en los gestos más íntimos. Aquí, el conflicto permanece adherido a los cuerpos, a las miradas de sospecha entre vecinas, a las conversaciones interrumpidas, a la imposibilidad de decir. Lo cotidiano aparece sostenido por una frágil química afectiva que permite seguir viviendo cuando el peso de la historia amenaza con volver inhabitable el presente e inimaginable el futuro. El abuso continuado, la represión y la tortura se intuyen a modo de latencias, bajo la superficie de una normalidad apenas reconstruida. Historias que se escriben desde un lugar atravesado por identidades impuestas y clasificaciones ajenas, desde la dificultad de reconocerse dentro de categorías binarias heredadas del conflicto. No del todo de allí, pero tampoco completamente de aquí, un lugar de enunciación que se sitúa en el espacio ambiguo desde el que emergen el recuerdo, lo quebrado y las narrativas que el Imperio transformó en amenaza o sospecha.

Las voces que entretejen Todos siguen aquí interrogan también quienes fueron considerados civiles y quienes quedaron relegados a la subalternidad, a los márgenes discursivos de los relatos oficiales de pacificación, de perdón y de progreso. Frente a ello, la escritura se convierte en una grieta capaz de romper el silencio y devolver presencia a aquellos nombres imposibles, expulsados de la historia pública pero persistentes en la memoria íntima, colectiva. Porque hay violencias que no acaban cuando cesan los enfrentamientos. Permanecen entre medio de una temporalidad punzante, suspendidas sobre el presente, en el miedo heredado, en el silencio familiar, en las ausencias que continúan organizando la vida cotidiana. Una erosión existencial que afecta la capacidad de desear e incluso de habitar alternativas. Una vida que deja de desplegarse para reducirse a una forma de supervivencia en la que el trauma penetra en la intimidad, hasta volver el dolor una condición ordinaria.

Y, aun así, todos siguen aquí.

 

Fotografía: «Let Me Unsee», Asbestos.